La 72 – Hogar Refugio

RTVE

Las personas migrantes y los refugiados son los “apestados” de la sociedad actual, el equivalente a los “leprosos”, en otras épocas, explica a RTVE.es Ramón Márquez, director de La 72, un refugio para migrantes en TabascoMéxico, cerca de la frontera con Guatemala. Allí trabaja con migrantes centroamericanos, los parias entre los parias, 450.000 personas anuales, según Amnistía Internacional, a los que el marco legal mexicano y la política migratoria de EE.UU. aboca a un limbo sin solución, sin poder volver y sin lugar al que ir.

Víctimas de la inseguridad de las bandas como las ‘maras’ salvadoreñas, o de la extrema miseria, huyen de la “no vida” de sus países para buscar simplemente una “vida” en otro lugar. “Prefiero morir en la ruta migratoria a morir en mi país”, repite Márquez de la boca de los que hallaron refugio en La 72“donde recibimos 13.805 personas en 2016“, aclara.

En el tránsito se convierten en mercancía para “traficantes, trata de personas, gente que les asalta, roba, extorsiona, y vive de esto (…) Hay mucho dinero detrás, y muchos intereses, el migrante es un negocio gigantesco que mueve millones”, señala Márquez. “Son carne de cañón en México“, denuncia. “Cuando hay un secuestro en la región piden entre 3.000 y 4.000 dólares. Recuerdo un caso en Veracruz donde secuestraron a 25 y pidieron 4.000 por cada uno. Todos pagaron”, se lamenta el director del refugio.

La desgracia institucional de ser migrante económico

Pero la losa definitiva que cierra la posibilidad de un futuro es otra, es el déficit de atención oficial de las instituciones internacionales. La “calificación” institucional de persona necesitada de “refugio” -que abre las puertas del apoyo oficial- es una delgada línea que separa al refugiado del migrante económico. En Centroamérica, esta línea se convierte en una tierra de nadie con límites desdibujados. “Hay que romper la separación entre personas migrantes y personas refugiadas“, reclama Márquez.

Márquez hace una comparación: “Organismos como ACNUR brindan protección a personas que solicitan refugio, y nosotros empujamos para que otros organismos dentro de la ONU generen protección para las personas que están en movilidad”, subraya. Y lo argumenta: “Muchas de estas personas huyen por violaciones a derechos fundamentales como la falta da acceso a la educación, a la salud, a un trabajo digno, huyen del empobrecimiento, viven en zonas de extrema violencia”.

Zapato abandonado de un migrante en una vía ferrea mexicana

Y como carga adicional, los pasos administrativos para un hondureño, guatemalteco o salvadoreño que busquen asilo en México son más complicados que para migrantes de otras nacionalidades. “En mi opinión el migrante centroamericano está más desprotegido. No es lo mismo ser un cubano, un haitiano o un africano que ser un centroamericano”, explica Márquez. En los primeros casos, “se entregan en el instituto nacional de inmigración”, aclara, donde el procedimiento les asigna “20 días para salir por cualquier frontera, así pueden continuar hasta EE.UU. e intentar cruzar”, señala. El centroamericano, por el contrario, no dispone de esta “ventana” alegal de maniobra para seguir adelante y queda atascado en México.

Ramón Márquez, director del refugio ‘La 72’

 

México, un enemigo en el camino

Si bien la agresiva política migratoria del presidente estadounidense Donald Trump ha visibilizado este problema, Márquez quiere dejar claro que “una de las claves es la posición que el gobierno mexicano ha tomado en los últimos años“, dice, y añade: “Lo de Trump viene a ser un obstáculo más, pero el obstáculo grande con el que nos enfrentamos en los últimos años es cuando Mexico presenta el programa ‘Frontera Sur’ el 7 de julio de 2014. Esto está muy conectado con la crisis de la inmigración en los Estados Unidos de Obama”.

“Este programa lo que hace es violar sistemáticamente los derechos humanos de las personas en tránsito y tomar una posición activa de control migratorio basado en detención y en deportación“, explica el activista, en un relato paralelo a la denuncia de Amnistía Internacional sobre la situación de los migrantes centroamericanos en la frontera sur de EE.UU..

Entre 2015 y 2016, México detuvo a 330.000 personas procedentes de Honduras, el Salvador y Guatemala, de las cuales “316.000 fueron deportadas”, señala Márquez. “Es decir, estamos ante una política regional de cierre de fronteras donde México constituye en si un muro desde hace varios años y donde el objetivo principal es impedir que la gente llegue a la frontera con Estados Unidos“, insiste.

La estrategia de la era Trump: el miedo

“La administración de Obama fue la que más centroamericanos deportó en la historia reciente, casi tres millones, a pesar de que Obama fue presuntamente un gran presidente”, puntualiza Ramón Márquez. “Hasta este momento, Trump ha deportado menos gente que en el mismo tramo del año pasado”, insiste, pero aclara que “todo se basa en un discurso del miedo. Ese discurso de xenofobia está generando un clima hostil en el que se puede hablar abiertamente y atacar a grupos que están en situacion irregular o indocumentados”.

“Esa política de miedo e incertidumbre ha frenado el flujo migratorio. En los primeros cuatro meses de este año hemos visto como el volumen ha bajado un 44% respecto al año anterior, sin existir medidas prácticas, solo una política del miedo”. Y Márquez explica una de las claves en el fenómeno de la inmigración ilegal hacia EE.UU.: “Si antes recibían el apoyo de los familiares que estaban en situación irregular dentro de EE.UU., este tipo de ayuda se ha frenado porque estos allegados necesitan protegerse; la cuestión es cómo me protejo yo dentro de EE.UU. antes de traer gente aquí”.

En el caso de personas que ya están regularizadas y que pueden apoyar a sus familias para que crucen con un traficante, un coyote -en la jerga-, “están diciendo espérense un poco porque pagarte entre siete y diez mil dólares que es lo que vale cruzar México para que luego te deporten, es algo que hay que pensar”, subraya el entrevistado, y recuerda que “desde que Trump accedió a la Casa Blanca, estas tarifas han subido a entre diez y doce mil, por ejemplo desde el Salvador”.

A pesar de todo, Márquez expresa sus peores temores: “Estamos un poco a la expectativa porque podemos encontrarnos con movimientos masivos de personas en cualquier momento en los próximos meses. Quienes han seguido saliendo son las personas que están afectadas por la violencia y cuyas vidas corren serio peligro. Por las estadísticas de los cuatro primeros meses, vemos que ha aumentado el número de solicitantes de refugio. Ha bajado un 44% el general de flujo migratorio pero ha subido el número de solicitantes de refugio. La gente que huye salvando sus vidas continúa saliendo de manera inmediata y de manera masiva”.

‘La 72’, de casa de atención a campo de refugiados

La 72 se crea en abril de 2011 en Tenosique, en el estado de Tabasco “para dar respuesta a la llegada creciente y masiva de migrantes por la frontera sur de México”, explica el director del refugio. El proyecto nace en la comunidad franciscana de esta localidad, y encuentra en la red de la Iglesia católica -amplia en México- su mayor apoyo. 

El nombre del refugio es un memorial, homenaje “recordatorio a las 72 personas migrantes que fueron asesinadas por los Zetas -banda narcotraficante- en San Fernando, en Tamauripa en agosto de 2010″, rememora Márquez., y añade: “Viene un poco a recordarnos la barbarie que soportan estas personas que están pasando por Mexico diariamente y el auténtico calvario que sufren al atravesar el país”.

El refugio nace “como una casa de atención a migrantes en tránsito“, explica su director, aunque señala: “En los últimos dos o tres últimos años hemos comabiado y nos hemos convertido en un campamento de refugiados“.

Personas acogidas en 2016 por ‘La 72’

  • 13.805 personas acogidas
  • 1625 niños y adolescentes
  • 870 adolescentes no acompañados